Un gusto placentero

Hace 8 días se habló del poder de la lengua y el cómo las palabras lastiman nuestro cuerpo; quise retomar este punto, porque muchos a los que les envío la columna, me preguntaron: “¿Cuáles son las frases de sanación que debemos usar, cuando nos encontramos en una situación de enfermedad?”. Pero antes de enfocarme en ello, les hablaré de otra función sumamente importante de la lengua; que para mí como Médico Integrativo y Nutriólogo es de gran valor.

El sentido del gusto, nos permite identificar los sabores de los alimentos. La lengua está cubierta de papilas gustativas que contienen los receptores sensoriales para el sabor, los famosos botones gustativos, detectores de sustancias químicas del alimento.

Los sabores primarios conocidos con los que se identifica a los alimentos son: dulce, salado, ácido y amargo, a los que desde principio de siglo, se les ha unido el umami (sabroso en japonés). Entonces, podemos decir que es un órgano de placer, pero también, almacena momentos de desagrado asociados al alimento.

En mi práctica clínica viendo la nutrición de muchos pacientes, entre ellos los que pasan momentos como el cáncer, al recibir alimentos en días después de sus quimioterapias, el cerebro asocia el momento del dolor físico, la angustia y emociones, con el alimento servido en la mesa, es por ello, que dejan de comer salmón, brócoli, col de Bruselas, espárragos y super alimentos anticancerígenos porque sencillamente su cuerpo recuerda ese mal momento y les desencadena rechazo, “vómito”. El cerebro humano guardando información haciéndonos vivir una mala pasada.

En otra mirada como la de la Medicina Tradicional China, cuando hablamos de sabores, se engloba la energía del alimento y sus efectos en el organismo. Cada sabor, genera propiedades que estimulan las funciones de un órgano.

Los “Cinco Sabores” son el picante, dulce, amargo, ácido y salado; además, existe el insípido, pero al no ser verdaderamente un sabor, se habla de “los Cinco Sabores”.

Nuestra alimentación debe tener una correcta combinación de los cinco sabores y el exceso en un sabor o su tiempo prolongado de uso puede llegar a provocar un desequilibrio en el órgano.

Las propiedades específicas de los sabores, están relacionados a su vez con los cinco elementos de la Medicina Tradicional China:

Madera.– Ácido (Naranja, limón, vinagre…); el Fuego.– Amargo (Achicoria, té, café, diente de león…); Tierra.– Dulce (Patata, cebolla, zanahoria…); Metal.– Picante (jengibre, mostaza, pimienta…); Agua.– Salado (algas, pescado, frutos secos…). Cada sabor, en cantidad moderada, tonifica a un órgano; pero el exceso, lo daña.

Como estamos hablando del sabor, hablemos nuevamente de las palabras dulces que deben gobernar en nuestra boca. Recuerdo cuando estaba en colegio, no le prestaba importancia a este tema y podía decir “grocerias” sin conciencia, sin entender el daño hacia mi y hacia los otros.

Hoy invito en esta columna a declarar una nueva vida para nosotros; si nos encontramos en situación de enfermedad, podemos hacer afirmaciones cuando nos pregunten cómo estamos, como seguimos, como nos sentimos: -“encontrando el mensaje de la enfermedad en mi”; “hacia la sanación”; “conociendo mi cuerpo”; “hacia la recuperación”; “en el camino de la sanación”; “reconectando mi cuerpo”; “reorganizando mi cuerpo”; “construyendo una nueva realidad para mi cuerpo”. Seamos sabios al hablar y recuerden que miles de señales se asocian con el sabor y la dulzura de nuestras palabras.